El Ser Querido

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Sobre el acto de crear en la oscuridad.

A poco menos de un mes para el estreno de La Bola Negra, obra que apunta ser el eco de un eco en redes sociales mucho antes incluso de su estreno en los cines de todo el país más como fenómeno social en el que, de una manera u otra, más te vale participar, tanto para bien como para mal, que como película en sí, y con Los Domingos reposando ya en el fondo de nuestras memorias; resulta pertinente hablar de El Ser Querido como ese objeto fetiche para aquellas personas que disfrutan de una obra de metaficción, no exenta de aristas y de esas pequeñas complicaciones que hacen que una película deje de ser una película y pase a convertirse, para bien o para mal, en algo sobre lo que tenemos que tener una opinión.

Opino, y creo no estar muy alejado de una realidad, que, a estas alturas de la película, los Óscar se deberían coger con pinzas. Pensar en ellos como una especie de máxima o como un organismo de validación pone al amante del cine en una posición comprometida. Verlos supone, una vez al año, una noche de encuentro en redes sociales, vídeo,reacciones, quinielas más o menos informadas y acertadas, y la inevitable sensación de que, durante unas horas, todos estamos dentro de una misma conversación sobre cine, una misma pulsión y un mismo afán por decir alguna sentencia que se pierda para siempre. Aunque probablemente la conversación tenga bastante más que ver con quién ha ganado qué, quién debería haber ganado qué y quién ha sido injustamente ignorado dónde que con las propias películas, el ego contra el objeto de discusión.

Partiendo de esta base, resulta curioso, y hasta algo refrescante, construir un análisis sobre una película que puede resultar ganadora de ese concursillo interno cuyo premio consiste en representar a España en los Óscar en la categoría de Mejor Película Internacional, y hacerlo, además, sin tener a Almodóvar entre los rivales. Una pequeña anomalía, quizá, dentro de un sistema que parece haber asumido que hablar de cine español y hablar de Almodóvar son, salvo contadas excepciones, dos formas distintas de decir lo mismo, e insisto, habrá que ver si ese testigo lo recogen Los Javis tarde o temprano.

El Ser Querido de Rodrigo Sorogoyen es una película sobre la oscuridad.

Quiero pedir perdón a todo aquel que lea este artículo de Devin por el chiste pésimo, aunque bien intencionado.

No quiero hablar de ella en términos ambiguos. No creo que el punto principal sea únicamente la figura del padre que desea retomar la relación con una hija, interpretada por una fantástica Victoria Luengo, y darle una segunda oportunidad en su carrera como actriz. De hecho, basta con ver los diez primeros minutos, para comprender el conjunto en el que funciona el personaje interpretado por Javier Bardem.

Tal y como se ha mencionado antes, esta es una obra metarrativa: habla sobre el acto de crear. Pone al espectador, en muchas escenas, tras el ojo de un trabajador más, de una de las tantas piezas anónimas encargadas de hacer cine. Nos enseña el proceso, nos enseña los detalles, la importancia de las luces, de los brillos, de los tonos y subtonos, del montaje, de la edición, de los ruidos de fondo y, sobre todo, nos debería enseñar una lección sobre las sombras.

Cuando uno le dedica tiempo a ver una película, debería plantear el visionado no como un continuum, sino como un conjunto. Lo que sucede al final no es un concepto aislado en sí mismo, sobre todo en una película en la que uno ha ido aprendiendo, casi sin darse cuenta, sobre el propio acto de hacer una película a lo largo de la misma.

Es entonces cuando toca analizar la escena de la comida. El momento del reencuentro. El momento en el que el padre se abre y se muestra incómodo, vulnerable incluso. Pero nosotros ya hemos aprendido. Esteban, el director de la película que se está rodando dentro de la película, nos ha guiado durante dos horas y nos ha enseñado la importancia de los detalles. Y vemos entonces cómo esa conversación no es real.

El personaje de Bardem se mostrará en todo momento atravesado por una sombra en la cara. Siempre partido por la mitad. Sabemos que es una comida, lo mencionan, y, sin embargo, desde el comienzo de la película tenemos que entender que las intenciones del director están lejos de ser sinceras. La escena quiere que creamos en él, pero nosotros, después de dos horas siguiendo las instrucciones de quien la ha construido, ya sabemos demasiado.

El Ser Querido nos muestra a un director cuyo estilo enfant terrible ya no encaja en los tiempos modernos. El Ser Querido nos muestra a una hija que teme encontrarse en las facetas que detesta de su padre. El Ser Querido nos muestra el cine. El Ser Querido funciona porque no hace una contemplación del acto de crear como un proceso aislado, mucho menos romántico, en el las piezas encajan desde el principio. La película es una forma de leer el ego desmedido y el egoísmo más

A pesar del reconocimiento en los títulos de crédito.

primario dentro de un entorno laboral. Es una película sobre la oscuridad porque el padre no puede redimirse, porque su hija es la materialización en carne y hueso de su humanidad y de su pasado.Verla actuar es verla ser. Por eso Esteban llora a oscuras cuando la ve en la sala de montaje; llora ante el personaje, llora ante la mentira, llora ante su reflejo, llora ante el cine, la más hermosa de las mentiras.