En esta edición nos instalamos, por primera vez, en el corazón del Barrio de las Letras, en la esquina donde
confluyen
las calles San Agustín y Cervantes. Tras haber bordeado sus límites en ediciones anteriores —en Atocha 34
(2016) y en
la Plaza de Canalejas 3 (2021)—, entramos ahora de lleno en un barrio histórico, literario y artístico, donde
aún
permanece la huella de las grandes figuras del Siglo de Oro español.
Fachada del edificio de Casa Decor 2026 en el Barrio de las Letras
Este barrio es un símbolo de la creatividad que grandes mentes han legado a nuestro acervo cultural y que aún
pervive
en cada esquina de sus calles. Aquí, nos sentimos arropados por ese espíritu creador que continúa inspirando a
los
diseñadores contemporáneos a proyectar espacios capaces de evocar el esplendor de un siglo floreciente y
luminoso.
Detalle arquitectónico del edificio
Elementos constructivos del edificio
A este legado inspirador se suma el entorno del Paseo del Prado, declarado Patrimonio Mundial por ser el paseo
arbolado público más antiguo del mundo, lo que lo convierte en un referente urbano excepcional y un modelo de
valor
universal. No solo desde una perspectiva paisajística, sino también cultural: en su trazado se concentran tres
de los
museos más importantes del mundo, el Museo del Prado, el Museo Reina Sofía y el Museo
Thyssen-Bornemisza.
Así pues, en esta edición nos encontramos ante una fuente de inspiración absoluta
Un punto de encuentro donde confluyen urbanismo, paisajismo, arquitectura, diseño, arte y literatura, en
diálogo
constante con la cultura y la historia española y universal. En este contexto, los diseñadores participantes
absorberán este patrimonio vivo para reinterpretarlo y contribuir a su continuidad a través de Casa
Decor,
que actúa como catalizador de este legado contemporáneo.
Entorno urbano
La elección de cada sede de Casa Decor responde a un proceso medido y consciente: buscamos edificios capaces
de
activar la experiencia
Desde la mirada del visitante y en diálogo constante con la ciudad, a través del diseño, la innovación y la
cultura,
Casa Decor se consolida en el corazón del Barrio de las Letras como un proyecto curatorial que no solo
interviene un
inmueble, sino que también activa el tejido urbano de Madrid, proyectando su creatividad y talento más allá
de sus
fronteras.
Nuestro más sincero agradecimiento a la propiedad compartida del edificio, Sircle Collection y
Take
Point, por albergar esta edición de oro antes de su futura reconversión en un hotel de lujo.
La casa palacio
Construida entre 1892 y 1895 por el arquitecto Enrique Sánchez y Rodríguez como residencia de Alonso Álvarez
de Toledo
y Caro, marqués de los Vélez y conde de Niebla, esta casa palacio se erige como una de las escasas muestras
de
arquitectura nobiliaria aún conservadas en la zona.
Tras la demolición del antiguo convento de San Agustín y del palacio de Medinaceli —hoy ocupado por el hotel
Palace—,
la duquesa viuda de Medinaceli vendió el solar de la esquina al marqués, quien ese mismo año encargó la
construcción
de su residencia familiar: un palacio urbano con sótano, tres plantas y un torreón en la esquina.
El gusto por el clasicismo que el arquitecto Enrique Sánchez había desarrollado en obras anteriores pudo
resultar
determinante en su elección. La fachada del edificio original refleja este lenguaje sobrio y rotundo,
mientras que sus
interiores revelan una elegancia monumental, especialmente en la planta baja y la primera.
Detalle arquitectónico interior
Detalle interior del edificio
La entrada
En su origen, el edificio fue concebido como una casa palacio urbana organizada en tres alturas. El
semisótano
albergaba las cuadras, las cocheras y la vivienda del servicio, mientras que la planta baja, con acceso
desde la calle
San Agustín, conducía al vestíbulo y a la escalera principal del palacio.
De lenguaje clásico, la arquitectura se articula mediante solados y escalinatas de mármol blanco, columnas
exentas y
molduras decorativas que refuerzan su carácter monumental y su vocación espacial.
El acceso principal del edificio
El vestíbulo
La monumental escalera que preside el vestíbulo es uno de los elementos más representativos del palacio. Su
diseño
curvo, posiblemente incorporado en una fase posterior, y la apertura de la meseta intermedia hacia el
espacio central
la acercan a las sensibilidades decorativas de las primeras décadas del siglo XX.
En esta planta se situaban las zonas de trabajo, entre ellas el despacho del marqués y otras estancias de
carácter
administrativo.
Este espacio será reinterpretado por los copropietarios del edificio y patrocinadores principales,
Sircle
Collection y Take Point, que darán la bienvenida al visitante en el futuro hall del hotel
Sir Agustín.
El vestíbulo y su escalera monumental
La planta principal
La escalera desemboca en la planta principal, un espacio señorial coronado por un gran lucernario que inunda
de luz natural el recorrido y define la atmósfera del conjunto.
En este tramo destaca una vidriera de la Casa Maumejean, sobre la que se sitúa el escudo familiar. Un
conjunto de columnas exentas con capiteles de orden corintio articula el espacio longitudinal, mientras las
molduras recorren la bóveda y refuerzan su carácter arquitectónico.
En esta planta se situaban las estancias más nobles, como el salón de baile y los dormitorios principales de
la familia, mientras que las plantas superiores quedaban reservadas a los espacios de servicio.
La luz atraviesa la planta principal a través del lucernario
La última casa noble
La vivienda de los marqueses de Vélez fue la última casa palacio construida en este entorno y una de las
últimas
supervivientes tras la destrucción del cercano Palacio Xifré.
Los marqueses pudieron haber elegido enclaves más cotizados, como el emergente Paseo de la Castellana, pero
optaron
por el valor simbólico del solar procedente de la antigua casa de Medinaceli.
Esta decisión respondía a una voluntad clara de afirmación histórica: la de reforzar su linaje frente a una
nueva
generación de aristócratas que comenzaba a construir residencias de carácter más ornamental y ostentoso.
Últimos vestigios de la arquitectura nobiliaria en Madrid
Una nueva vida como convento
En 1926, el palacio pasó a manos de la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, destinada a su
uso
como convento y colegio. El arquitecto Joaquín Sainz de los Terreros asumió la remodelación del edificio a
través de
sucesivas adecuaciones.
De esta intervención destaca la construcción de la capilla, instalada en las antiguas cocheras del palacio,
convertidas en el espacio más significativo de esta nueva etapa por su riqueza escultórica. También se
reorganizó el
acceso para dar cabida a la portería del convento y se ejecutaron las escaleras de servicio.
La capilla, de planta rectangular y 164 m², se ilumina a través de un espectacular lucernario de cristal que
baña el
espacio en luz natural, en contraste con sus discretas aperturas hacia la calle.
La capilla reinterpretada como espacio de luz y contemplación
La capilla
La rica decoración del conjunto alterna formas del Renacimiento plateresco con un gusto por lo medieval y
sutiles
guiños mozárabes, especialmente presentes en paredes y techos. Los techos de escayola evocan artesonados con
relieves
y guarniciones, mientras que las paredes se encuentran labradas con motivos vegetales de aire mozárabe, todo
ello
salpicado de figuras religiosas cargadas de misticismo medieval, muy en línea con el imaginario de las
órdenes
religiosas de los años 20.
Toda esta virtuosa labor fue realizada por los talleres Granda, uno de los referentes en arte litúrgico de
la época,
que aún hoy conserva su oficio y prestigio. Su fundador, Félix Granda Buylla, sacerdote, escultor, pintor y
orfebre
español, dirigió un taller en el que llegaron a trabajar hasta 200 artesanos, entre entalladores,
carpinteros y
estuquistas.
Bajo su dirección se desarrollaron trabajos en una amplia diversidad de estilos, desde el mozárabe al
románico,
pasando por el gótico, el barroco y el rococó.
Detalle ornamental del espacio interior histórico
Detalle del lenguaje decorativo del edificio histórico
Más de un siglo de historia
Hacia 1941, con la ampliación de sus funciones como colegio, se hizo necesaria la construcción de una cuarta
planta
destinada a las habitaciones. Esta intervención, que afectó a la fachada, fue abordada por Sainz de los
Terreros
desde un criterio continuista con los ordenamientos clásicos definidos en el proyecto de Enrique Sánchez,
aunque
simplificados y racionalizados, con el objetivo de armonizar con el conjunto sin alterar su escala.
Desde entonces, el inmueble ha sido objeto de diversas reformas de acondicionamiento, hasta la última en
2009,
cuando se llevaron a cabo labores de modernización de los espacios que dieron lugar a la superficie
construida
actual: 3.500 metros cuadrados.
A pesar de su transformación de suntuoso palacio a sobrio convento, el edificio conserva aún huellas de su
carácter
señorial en la planta baja y principal, como la entrada al vestíbulo, con suelos de mármol blanco, vidrieras
de la
Casa Maumejean, elaboradas molduras, cornisas y una monumental escalera semicircular.