Lo que ocurrió en Chanel no fue solo un desfile: fue una reconfiguración. Tras el largo vacío creativo
posterior a la
era Lagerfeld, Matthieu Blazy asumió la dirección artística y entregó una colección que logra lo más complejo
para una
casa de esa magnitud: renovar sin negar el ADN.
El debut fue vibrante, casi físico. Las prendas parecían moverse solas: tejidos, deshilachados, flores que
parecían
brotar de la tela, y una paleta dominada por rojos intensos, terrosos y empolvados que imprimieron una energía
inédita en Chanel.
No era un rojo clásico ni decorativo; era visceral, contemporáneo, alejado del binomio blanco y negro que
había anclado la marca durante décadas.
Vista general del desfile Chanel SS26
Tweed, pero con aire nuevo
El eterno traje de Tweed—símbolo de la maison—reapareció bajo una luz distinta: las proporciones se soltaron,
la
textura cobró movimiento y el tejido se volvió más ligero. Blazy mantuvo la estructura, pero la descompuso
sutilmente,
como si dejara entrar el aire entre hilos. No hubo rigidez; hubo ritmo.
Detalle de tejido Chanel SS26
Look en pasarela Chanel SS26
Nueva visión, pero con memoria.
El guiño a la herencia de Coco y Karl sigue ahí, pero filtrado por la mirada pragmática y sensorial que Blazy
ya había
demostrado en Bottega Veneta. Chanel se siente menos museo y más cuerpo. Las prendas no solo se miran: se
intuyen, se
tocan y ahora se viven.
Un cierre que marca un hito
En tiempos donde muchas casas de lujo buscan el ruido, Blazy eligió algo más desafiante: la elegancia del
riesgo
controlado. Chanel vuelve a sonar moderna sin perder su idioma. Lo que pasó, sí, ha sido histórico: una casa
centenaria que vuelve a moverse y generar interés.
Matthieu Blazy para Chanel SS26
SS26 Chanel
Detalles que se vivieron durante el desfile.
Detalle de accesorios Chanel SS26
Detalle de calzado Chanel SS26
No hace falta añadir nada más. El desfile ya ha dicho todo.