Autor del artículo: equipo de prensa DEVIN / Algunas imágenes tienen derechos de autor
En la pequeña isla de Ortigia, suspendida entre el mito y la decadencia, Emilio Pucci presentó su colección
Primavera-Verano 2026 bajo la dirección de Camille Miceli. Presentado el 17 de abril de 2026, dentro de los
cavernosos
arcos de la Grotta dei Cordari, el desfile combinó la teatralidad con una deliberada sensación de naturalidad:
un
entorno donde el peso de la historia se contrarrestaba con una ligereza marcadamente contemporánea.
Vista general del desfile en la Grotta dei Cordari, Ortigia
El enfoque de Miceli continúa perfeccionando el lenguaje de Pucci, dotándolo de accesibilidad sin diluir su
identidad.
Su selección de un círculo íntimo —amigos, rostros conocidos y una comunidad creativa más amplia— reflejó la
filosofía
de la colección: moda que invita en lugar de excluir. Su lenguaje de diseño se caracteriza por su claridad,
resistiéndose a la sobreintelectualización en favor de un atractivo visual y táctil inmediato. Las prendas
comunican
directamente, priorizando la sensación, el movimiento y el color sobre la opacidad conceptual.
Detalle de tejido con estampado Pucci
Look en pasarela en movimiento
Titulada Alba, la colección gira en torno a la noción del amanecer, no como un momento aislado, sino como una
condición compleja y multifacética. Esto se expresa a través de transiciones cromáticas inspiradas en el
paisaje
siciliano, en particular en los tonos cambiantes asociados al Etna. Los matices aparecen refractados en lugar
de
mezclados, desplazándose sobre las superficies en gradientes que resultan a la vez naturales y artificialmente
intensificados. Las referencias se extienden a entornos lumínicos inmersivos que recuerdan a las instalaciones
de
Olafur Eliasson, donde la luminosidad se convierte en una experiencia sensorial más que en un elemento
decorativo.
Las siluetas oscilan entre la estructura y la fluidez
Los vestidos lenceros fluidos evocan el minimalismo de los años noventa, confeccionados en tejidos de punto
fluidos
que recuperan estampados clásicos de Pucci, como el Marmo, con una textura renovada. Por otro lado, los
vestidos tipo
foulard y los pareos envuelven el cuerpo con una desenvoltura controlada, enfatizando la comodidad sin
sacrificar la
precisión. Las blusas son cortas, dejando al descubierto el torso y reforzando el diálogo entre sensualidad y
disciplina.
Vestido lencero fluido con estampado Marmo
La dualidad de la colección, fundamental para su narrativa, se manifiesta con mayor claridad en la interacción
entre los códigos del día y la noche
Las túnicas de punto suelto, semitransparentes y de luminosidad sutil evocan la calma del amanecer, mientras
que los
flecos de lentejuelas aportan energía cinética que parpadea con cada paso. El motivo «Fiamme» reinventado
amplifica
este efecto, con sus líneas ondulantes que sugieren calor y movimiento. Las texturas de rejilla y los detalles
en oro
antiguo trasladan ciertos looks al territorio nocturno, creando un vestuario que transita fluidamente entre
estados
en lugar de definirlos.
Esta tensión se refleja aún más en el estilismo, donde la mujer Pucci aparece suspendida entre arquetipos
contrastantes: meditativa y hedonista, serena pero impulsiva. Las prendas se adaptan a esta multiplicidad sin
imponer
una definición, permitiendo que cada look se mueva dentro de un espectro en lugar de una identidad fija.
Detalle de accesorios en tonos dorados
Detalle de traje de baño
El desfile final, protagonizado por Angelina Kendall luciendo un top confeccionado íntegramente con joyas
Destiló la esencia de la colección en una imagen singular: el ornamento como prenda, la superficie como
estructura,
el exceso plasmado con precisión. Fue una culminación controlada que reforzó la confianza de Miceli en el
equilibrio
entre el espectáculo y la funcionalidad.
Angelina Kendall en el cierre del desfile con top de joyas
La colección Primavera-Verano 2026 de Pucci demuestra una fase de madurez en la dirección de Miceli. La fuerza
de la
colección reside en su coherencia y en su negativa a exagerar sus intenciones. Si bien ciertos motivos —en
particular
las lentejuelas y las repeticiones de estampados— corren el riesgo de resultar familiares, se mantienen
anclados en
una sensibilidad consistente que prioriza la inmediatez y el placer. Alba, en definitiva, plantea la
transición no
como un cambio definitivo, sino como un estado continuo, donde finales y comienzos coexisten y donde la
identidad de
Pucci sigue evolucionando con una seguridad mesurada.