La película

Atonement, 2007

Director: Joe Wright

Escena de Atonement, dirigida por Joe Wright en 2007

Hay películas que terminan cuando aparecen los créditos. Otras, en cambio, se quedan un poco más con nosotros. Atonement es de esas. No porque cuente una historia especialmente complicada, sino porque parte de algo muy humano: mirar una escena, creer que hemos entendido lo que sucede y descubrir, demasiado tarde, que estábamos equivocados.

Dirigida por Joe Wright en 2007 y basada en la novela de Ian McEwan, la película sigue a Briony Tallis, una niña que observa desde la distancia una serie de acontecimientos que no alcanza a comprender. Su imaginación hace el resto. Lo que para ella parece evidente termina convirtiéndose en una acusación y, con ella, cambia para siempre la vida de Robbie y Cecilia.

Lo más doloroso de Atonement quizá no sea la separación, sino saber que algunas cosas no pueden corregirse cuando finalmente comprendemos lo que hicimos. El tiempo pasa, pero no borra necesariamente aquello que quisiéramos cambiar. Solo nos enseña a convivir con ello.

Por eso la memoria ocupa un lugar tan importante en la película. Briony intenta volver una y otra vez sobre aquel día, reconstruirlo, encontrar las palabras que no tuvo entonces. Y ahí aparece la literatura: como una forma de regresar al pasado cuando la realidad ya no permite hacerlo, de imaginar otro desenlace cuando el verdadero ya ha quedado escrito.

Quizá sea eso lo que permanece después de verla. La sensación incómoda de pensar cuánto de nuestra vida puede depender de una mirada, de una interpretación, de algo que creemos haber visto con claridad. Atonement habla del amor, sí, pero también de la memoria y de esa necesidad tan humana de volver sobre lo vivido para preguntarnos qué habría ocurrido si hubiéramos mirado un poco mejor.

La película

La carta secreta, 2016

Director: Jim Sheridan

Escena de La carta secreta, dirigida por Jim Sheridan en 2016

Hay silencios que no significan que no haya nada que decir. A veces contienen una vida entera. La carta secreta parte de esa idea para acercarse a la historia de Roseanne McNulty, una mujer que ha pasado buena parte de su existencia dentro de una institución y cuyo pasado parece haber quedado establecido mucho antes de que alguien decidiera preguntarle por él.

Roseanne fue una joven irlandesa en una época en la que apartarse de ciertas normas podía tener consecuencias difíciles de imaginar hoy. Su carácter, sus deseos y el amor que siente por un hombre que no pertenece a su mundo terminan situándola en el centro de una historia que otros empiezan a interpretar por ella.

Décadas después, el doctor William Grene recibe el encargo de revisar su caso. Lo que encuentra no es una historia sencilla ni una explicación que encaje perfectamente en lo que se había contado durante años. Encuentra, sobre todo, los restos de una vida que todavía conserva preguntas.

Entre esos restos está el diario de Roseanne. Sus páginas ofrecen algo que los informes, los rumores y los recuerdos ajenos no pueden ofrecer: sus propias palabras. Es allí donde aparecen sus afectos, sus miedos, sus pérdidas y también la manera en que ella entendió aquello que le sucedía.

Quizá por eso La carta secreta resulta especialmente conmovedora. No plantea solamente qué ocurrió con Roseanne, sino qué sucede cuando una vida queda reducida a una versión oficial y nadie se detiene a comprobar qué quedó fuera de ella. Al final, su diario adquiere un valor sencillo y enorme: haber dejado constancia de que estuvo allí, de que tuvo sus razones y de que su historia también le pertenecía.