Hablemos de la cultura drag, ¿es más relevante de lo que pensamos?
Firmemente lo digo: este tema no tiene el reconocimiento ni la investigación que merece
Redacción: Elisa Cardeña | Fotografías tienen derechos de autor
Hace unos días estaba viendo La jaula de las locas, una película noventera increíble que sucede, en gran
parte, en un night club donde había un show de drag queens al estilo Broadway, en una época de apogeo de
Bette Midler y Judy Garland. Gracias a ella, me puse a pensar en todo el trabajo, todo el esfuerzo y,
especialmente, todo el peso histórico que representa cada uno de estos shows. Por ello decidí investigar a
fondo y me di cuenta de la enorme relevancia que tiene este tema tanto en la moda como en la cultura
general.
El drag como espectáculo: exceso, interpretación y escena
Seguramente conoces RuPaul’s Drag Race
Uno de los reality shows más destacados de la actualidad, lleno de divas y creatividad. Sin embargo, hay una
historia inmensa detrás a la que pocas veces se le ha dado visibilidad, así que: hablemos de ella. Hace unos
meses vi Paris Is Burning, un documental de 1990 que retrata la cara más real de este mundo: lo bueno, el
talento, la creatividad, el nacimiento del voguing (baile que ahora se considera icónico y llamado así por
las poses y expresiones vistas en Vogue), los ballrooms y los concursos de caminata basados en desfiles de
moda.
El lenguaje libre del cuerpo
Identidad, performance y construcción estética
El ballroom como espacio de resistencia y expresión
También muestra lo más duro
El rechazo que muchos chicos de ascendencia afro o latina sufrían por parte de la sociedad y, en muchos
casos, de sus propias familias, siendo discriminados por sus preferencias y formas de expresión. Es crudo y
realista, pero me encanta porque celebra el trabajo de estas personas extraordinarias y de un tipo de arte
que, para mí, es uno de los performances más completos que existen.
La historia del drag se remonta a la época del teatro isabelino, más específicamente a las obras
shakesperianas. En aquel entonces, la iglesia —que financiaba las producciones— prohibía que las mujeres
actuaran, por lo que se optó por que los hombres interpretaran los papeles femeninos.
El término drag puede tener dos posibles orígenes: uno proviene de la palabra en inglés que
significa “arrastrar”, en referencia a cómo los vestidos se deslizaban por el escenario debido
al peso de la pedrería y las lentejuelas; el otro lo asocia a las siglas Dressed Resembling A Girl.
Durante los años veinte hubo una sorprendente apertura mental. Al ser una época recordada por las fiestas,
el alcohol y los excesos, el drag se convirtió en una forma de entretenimiento que, poco tiempo después, con
la prohibición, se ocultaría en bares clandestinos.
El drag como lenguaje visual, político y cultural
Llegamos a los años sesenta, cuando comienzan los ballrooms, nacidos a partir del movimiento de liberación
LGBT. Después de pasar años en la sombra, quienes practicaban este arte necesitaban expresarse. Durante los
setenta y ochenta se formaron las houses, lideradas por madres drag que no solo guiaban creativamente a sus
integrantes, sino que también ofrecían un hogar a quienes habían sido rechazados por sus familias. Uno de
los actos más nobles y humanos que existen, y una demostración clara de lo que significa una verdadera
comunidad.
En los noventa, el drag alcanzó fama mundial. RuPaul se consolidó como estrella, Madonna lanzó Vogue y
Express Yourself inspirándose en este movimiento, y Divine protagonizó más de nueve películas, entre ellas
la icónica Pink Flamingos y la primera versión de Hairspray. En la industria de la moda, Thierry Mugler
—siempre adelantado a su tiempo— eligió a la drag Lipsynka para desfilar, mientras otras comenzaban a
protagonizar campañas. Aunque fue polémico, el resultado terminó siendo transformador.
En este momento, se caracterizan por usar bodysuits, corsés, tacones enormes, medias de red, vestidos de
globo, pelucas, etc., formando su propio estilo, pero también adaptándose a tendencias de la época y muchas
veces recreando looks de casas de moda internacionales.
Hoy en día, aunque estamos acostumbrados a ver este tipo de arte, no siempre le damos el reconocimiento que
merece. Las drag queens y drag kings aparecen en portadas de revistas, lanzan líneas de maquillaje y
colaboran con grandes marcas. Sin embargo, pocas veces reflexionamos sobre el enorme trabajo que implica:
maquillajes y peinados exagerados a propósito, movimientos imposibles, una flexibilidad digna de gimnastas,
condición física, conocimiento cultural y la creación de un slang propio; todo para seguir siendo señalados
por ser diferentes.
Resulta increíble que, en 2025 y a las puertas de 2026, la homofobia siga siendo un problema tan presente.
Rechazar a quienes aman a personas de su mismo género o a quienes se atreven a expresarse libremente no solo
es incoherente, sino profundamente ignorante. Aun así, reconforta saber que existen personas genuinamente
interesadas en comprender este arte y en mirar más allá del prejuicio. Esta columna nace precisamente de ese
deseo: despertar la curiosidad, el respeto y la admiración por el enorme legado cultural que el arte drag
nos ha dejado.